La derrota histórica del líder emblemático en la franja matinales -el Buenos Días a Todos- en el mes de enero 2012 frente a Bienvenidos, Cada Uno Cuenta puede tener múltiples lecturas en la industria, pero era previsible. Lo mencioné en mis columnas al despedir el año pasado y anticipar los focos de competencia interesantes para esta temporada. Algunas piezas ya no calzaban.
Quizá las explicaciones más exhaustivas estén tratando de recabarlas en el Canal Público mientras el 13 saque lustre a su victoria, debido a que es la segunda vez desde 1999 que sucede algo así en el rating consolidado mensual y compitiendo directamente con programas del mismo género. Ya en mayo del 2004 había caído frente a Mucho gusto (época en que Mega apuntalaba fuerte su mañana con el noticiario de apertura conducido por Mauricio Israel).
El dato objetivo ahora es solo uno: el programa del canal de Luksic y la Iglesia Católica por primera vez en su historia es más visto que el de TVN en un ciclo mensual y el equipo que lidera Mauricio Correa vuelve a experimentar el vértigo de la derrota después de ocho años. Pero ahora de modo más complejo, debido a que su formato estaba hecho como un traje a la medida de Felipe Camiroaga, quien tras su muerte dejó al programa y al canal en un vacío irreemplazable. El panel jugaba en sus códigos de humor, polemizaba insistentemente en torno a su imaginario de “galán de Chile”, de “solterón inatrapable”, de “amante secreto”; y hacía eco de las polémicas mediales en torno a su figura como un arma para atrapar audiencia y justificar a sus comentaristas.
La primera reacción después de la tragedia fue llorar su partida y recordarlo hasta el límite del pudor (que quizá el mismo Camiroaga hubiere considerado excesivo). Luego, asumir que Buenos Días era un espacio que debía seguir adelante, un nicho de negocio fuerte dentro de una gélida pantalla de TVN hoy por hoy, que no es posible renunciar a liderar la franja y en donde emergieron los shock emocionales propios de un equipo arrasado por la tragedia de perder de golpe a cinco integrantes muy queridos.
Se sucedieron amenazas de renuncias, conflictos solapados, tensiones internas, solidaridad medial, cansancio y un dolor latente que supo ser contenido por la actual dirección ejecutiva. No obstante, pasados los meses decantó en la salida de su entonces conductora oficial, Carolina de Moras. Aunque ya antes del accidente se pensaba en sustituirla para la temporada 2012.
¿Por qué el matinal de TVN dejó de liderar?
Porque con la soberbia del líder confiado negó el potencial de su nueva competencia, que este inicio de año le robó el cetro y lo superó en los hogares ABC1, C2 y C3 y en el target comercial de hombres y mujeres ABC de 25 a 64 años. Además, casi un tercio del público de Bienvenidos es menor de 25 años y la misma proporción en el caso de Buenos Días a Todos tiene más de 65 años (y un 55% tiene incluso más de 50 años).
Canal 13 armó un formato renovado, fresco. En sus mismos códigos amables, con rostros y realizadores que tenían el know how de Correa al haber formado parte de su equipo. Pero que tienen un foco más actual en las tendencias, una puesta en escena limpia y clara; un team de comentaristas e integrantes de secciones de reconocida historia y un mix de contenidos que dosifica la irrenunciable repetición de sus programas prime, más una aproximación profunda, tolerante y diversa a los temas periodísticos (dándose el tiempo para entrevistas a fondo y mucho más punzantes que las de TVN, si es necesario). Es así como la farándula queda notoriamente más acotada que en el Canal Público.
También debido a que el 13 tiene a una pareja de conductores que ha jugado un papel inmejorable, muy afiatada y dúctil. Para esto sirvieron los meses de marcha blanca de Martín Cárcamo y Tonka Tomicic. Debutaron en pantalla con una seguridad y calidez que desde un principio hizo vislumbrar que el futuro pasaba por ellos y no por su competencia.
Buenos Días se anquilosó en un vacío editorial que se sostenía sólo en los vaivenes de los anclas de prensa que pudiesen estar acompañando la primera hora de programa (con sensibilidades, agendas y carismas muy diferentes si se trataba de Mauricio Bustamante, Mónica Pérez o Mónica Rincón, por nombrar solo a algunos). Condición que se complicará aún más con Karen Doggenweiler como esposa del precandidato a la Presidencia de la República, Marco Enríquez-Ominami, porque ella fue y es una pieza clave en la penetración territorial y en la popularidad del político (medido en encuestas en los comicios del 2009). Y el Canal Público tiene que dar en todo momento una prueba de blancura para no favorecer opción política alguna por sobre otra en este ciclo electoral que se inicia con las municipales 2012 y que culminará con la segunda vuelta presidencial 2013.
El abandono paulatino de las audiencias más jóvenes denota también una pérdida de atractivo en un formato que por décadas ha recurrido a las mismas fórmulas, como los desgastados concursos de baile de niños en vacaciones o los dobles de algún cantante o grupo de moda. Una amabilidad que podía funcionar con Camiroaga por sus atributos personales extras, pero que no son traspasables a los conductores actuales, por muy lúdicos que traten de parecer.
Visto así el escenario, creo que el destino del Buenos Días no depende del dañado equipo interno dirigido por Correa-Díaz, sino de una pieza clave no tan contaminada con ese proceso: Julián Elfenbein. Él es quien debe tomar las riendas del programa con plena libertad creativa y darle, a su modo, el componente de masculinidad que buscan las audiencias de la franja (como aliado, protector, cariñoso, educado, dominador del espacio y de las agendas temáticas) y a la vez de femineidad, al acoger sensiblemente los intereses de las mujeres que consumen estos programas.
Sin pretender asemejarse a nadie, Julián tiene las ganas, la fuerza, la ductilidad, el rigor, el manejo temático y la experiencia en nuevos formatos/lenguajes (incluyendo de su productora audiovisual) para aggiornar a un staff que urge mirar al frente para seguir construyendo futuro.
